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Tania Duarte: 39 años tejiendo comunicaciones en Morón

Hay voces que llevan en su tono la huella del tiempo y, a la vez, la firmeza de quien ha construido algo duradero. Tania Duarte Mera, jefa de la oficina comercial de ETECSA en Morón, responde la llamada telefónica y se disculpa por ese catarro que le tiene el cuerpo cortado. “No estoy bien”, confiesa casi al inicio, “me siento malísima”, pero acepta la entrevista igual, porque en treinta y nueve años de trabajo ininterrumpido en el sector de las comunicaciones ha aprendido que las obligaciones no entienden de días malos.
Así, entre el cansancio y las palabras medidas por los nervios —“me voy a trabar un poquito”, advierte—, comienza a desgranar una historia que es, en realidad, la historia de muchas mujeres cubanas: la de quienes han sostenido sobre sus hombros la operación de un servicio esencial, sin dejar de ser madres, esposas, hijas, ciudadanas.
Tania comenzó en 1986 como auxiliar de Contabilidad en la antigua Empresa de Telecomunicaciones. “En aquella oficina pequeña de Morón éramos dos: la jefa de Comercial y yo”, recuerda. Dos mujeres sosteniendo los hilos de la comunicación en un municipio que entonces no imaginaba los cambios que vendrían.
El primer gran salto llegó cuando abrieron la oficina de Cayo Coco. La jefa se trasladó al polo turístico y Tania, con apenas unos años de experiencia, se quedó al frente de la tarea en la Ciudad del Gallo. Una ejecutiva la acompañaba en facturación. Nada más. Así, con equipos mínimos y responsabilidades máximas, fue aprendiendo a dirigir.
Poco a poco, la plantilla creció. Un curso aquí, una plaza nueva allá, pero el verdadero punto de inflexión fue en 2005, cuando a las operadoras las reubicaron y capacitaron, y de pronto Tania pasó de dirigir a un par de personas a tener bajo su responsabilidad un centro multiservicios con veintidós ejecutivas comerciales: veintidós mujeres, veintidós historias, veintidós vidas que llegaban con sus propias cargas, sus hijos, sus madres ancianas, sus angustias y sus esperanzas.
Hablar de Tania Duarte es hablar de una formadora. No en el sentido académico del término, sino en ese otro más profundo: el de quien moldea desde la práctica cotidiana. “Yo he formado muchas ejecutivas”, dice con orgullo. “Ellas hicieron cursos, pero después, en la práctica, las he formado también”.
Y formar mujeres, en un contexto como el cubano, tiene sus complejidades. Tania lo sabe y lo nombra sin rodeos: trabajar con mujeres es un poco difícil porque son madres, esposas, tienen familia, y hay que apoyarlas cuando tienen un problema. No debería ser así, no deberían asumir en el hogar una carga mayor que sus esposos, pero ocurre.
Ese equilibrio se puso a prueba durante la COVID-19 y luego con las arbovirosis del año pasado. “Somos un verdadero equipo de trabajo”, enfatiza. “Cuando falta alguna ejecutiva, resolvemos nosotras mismas. El jefe de grupo, yo misma, todas atendemos clientes. Nunca hemos dejado de dar servicio”.
Cuando se le pregunta por esa doble función que asumen las mujeres —trabajar fuera y dentro de casa—, Tania no elude la respuesta. “Pasé muchísimo trabajo”, dice. Y entonces cuenta la escena que tantas mujeres conocen: la niña pequeña, el esposo trabajando en Cayo Coco (que no es lo mismo, aclara, porque allá el tiempo se estira de otra manera). “Fueron etapas difíciles”, recuerda.
Tania planea jubilarse a finales de este año. “Si la vida no me cambia”, matiza, como quien sabe que en esto de vivir nunca se puede asegurar nada. Pero cuando lo dice, en su voz no hay cansancio, sino serenidad. La serenidad de quien ha cumplido con su deber y ha dejado huella.
Antes de despedirnos, le pedimos un mensaje para las trabajadoras de nuestra empresa en ocasión del Día Internacional de la Mujer. Tania, que se había declarado nerviosa y “mala para hablar”, encuentra entonces las palabras justas:
“Que le tengan amor al trabajo, que tengan sentido de pertenencia, que mantengan una disciplina con lo que está establecido, que se esfuercen. Este trabajo nuestro es un trabajo lindo, el trabajo comercial es bonito, pero lleva un poquito de sacrificio”.
Tania Duarte Mera es, sin aspavientos, una de esas mujeres que han hecho posible que las comunicaciones en Morón no se detengan. Su historia merece ser contada no solo porque cumple casi cuatro décadas de labor, sino porque en esos años hay miles de días de trabajo silencioso, de formación paciente, de disciplina comprensiva. Y porque, como ella misma dice, al final uno se va con la satisfacción de haber logrado las metas. En su caso, con la certeza de haber formado a quienes seguirán tejiendo, día tras día, los hilos invisibles que nos conectan.
Su historia es también la de todas las mujeres etecsianas que, desde cada oficina, taller o centro técnico, sostienen día a día la red de comunicaciones del país. Mujeres que, como Tania, han hecho posible que Cuba siga conectada, incluso en los momentos más difíciles.
Nuestra empresa dedica este reconocimiento a todas ellas, ejemplo de entrega, profesionalidad y compromiso.




